Te entregan el coche con sonrisas, palabras de confianza y quizá hasta con el típico “está perfecto, lo puedes llevar a cualquier parte”. Pero al poco tiempo empieza la pesadilla: se enciende el testigo de motor, el coche pierde fuerza, hace ruidos extraños o directamente se para. El taller te habla de una avería seria, de miles de euros, y te lanza la frase que más duele escuchar: “esto ya venía de antes”.
Tú has pagado por un vehículo que debía estar en condiciones razonables, no por un problema mecánico camuflado. En ese momento, la pregunta es clara: ¿puedo hacer algo o me tengo que aguantar? La respuesta jurídica, en muchos casos, es que sí puedes luchar… si lo haces bien desde el principio.
La avería no siempre es “cosas de un coche usado”
Es verdad que un vehículo de segunda mano tiene desgaste: eso forma parte del trato. Pero una cosa es un fallo menor y otra muy distinta es un motor defectuoso que se rompe a los pocos kilómetros o que revela un problema estructural que nadie te contó.
Cuando el motor presenta:
- Roturas internas serias.
- Consumos de aceite desproporcionados desde casi el inicio.
- Fallos de compresión, gripajes, daños en culata o bloque.
- Averías graves en elementos esenciales (inyectores, turbo, distribución…) en muy poco tiempo.
lo razonable no es echarle la culpa al azar, sino plantearse si te han vendido un coche con un vicio oculto o un defecto preexistente que el vendedor debía asumir.
Aquí entra la batalla legal: demostrar que no es un simple desgaste y que el problema ya estaba germinando cuando te entregaron el coche.
Qué dice la ley cuando te colocan un motor defectuoso
La normativa protege al comprador frente a defectos graves que:
- Ya existían en el momento de la venta, aunque se manifestaran después.
- No fueron informados ni podían detectarse fácilmente al probar el coche.
- Reducen de forma importante la utilidad del vehículo o lo hacen prácticamente inservible.
En estos casos, según el tipo de operación, se puede reclamar:
- Si compraste a un particular:
- La resolución del contrato (devolver el coche y recuperar el precio).
- O una rebaja importante si decides quedarte el vehículo, compensando el gasto de reparación.
- Si compraste a un profesional (concesionario/compraventa):
- Respuesta en el marco de la garantía legal, que no es un favor, es una obligación.
- Y, en casos graves, también la posibilidad de plantear la anulación de la venta si el coche no cumple lo que se prometió.
La clave es que el motor defectuoso convierte el vehículo en algo diferente a lo que te ofrecieron. No estás pidiendo un extra, estás exigiendo que se cumpla el contrato.
Pruebas que necesitas para sostener tu lucha
Sin papeles ni informes, todo se reduce a tu palabra contra la del vendedor. Para dar fuerza a tu reclamación, es fundamental:
1. Documentación de la compra
- Contrato o documento de compraventa.
- Factura si la hay.
- Justificante del pago (transferencia, ingreso, etc.).
- Anuncio o ficha del vehículo donde se hablaba de su estado (“revisado”, “en perfecto estado”, “motor impecable”…).
- Conversaciones previas (WhatsApp, correos, mensajes) en las que el vendedor se refiera al estado del coche.
Todo eso sirve para demostrar qué se te prometió y qué conocías realmente.
2. Informe técnico de la avería
Aquí es donde el taller se vuelve crucial:
- Un informe escrito explicando qué le ocurre al motor.
- Una valoración de si ese problema encaja con un defecto antiguo o estructural, no con un simple uso normal.
- Presupuesto o facturas del arreglo, si ya te has visto obligado a reparar.
Si solo tienes comentarios verbales del mecánico, estás perdiendo munición. Hay que pedir siempre informe por escrito.
3. Comunicación formal al vendedor
Las llamadas, las visitas al concesionario y los mensajes de móvil pueden tener cierta utilidad, pero lo que realmente cuenta es un requerimiento formal:
- Una carta o burofax donde expliques la avería, adjuntes o menciones el informe técnico y dejes claro qué estás reclamando.
- Un plazo razonable para que el vendedor responda por escrito.
Ese escrito será la prueba de que avisaste, de que diste oportunidad de solución y de que el vendedor decidió ignorarlo o negarlo todo.
Qué puedes reclamar si te han vendido un motor defectuoso
Dependiendo del tipo de venta, de la gravedad de la avería y de lo que más te convenga, se pueden plantear distintas salidas:
Devolver el coche y recuperar el dinero
Cuando el motor está tan mal que la reparación es carísima, el coche no genera confianza o los problemas se repiten, tiene sentido pedir la resolución de la compraventa:
- Tú entregas el vehículo.
- El vendedor devuelve el precio abonado.
- Y se discuten, en su caso, otros conceptos (gastos de transmisión, parte de seguros, etc.).
Es la opción más drástica, pero también la más clara cuando el vehículo se ha convertido en una fuente permanente de problemas.
Quedarte el coche pero con compensación económica
Si el modelo te interesa, si una vez reparado el motor el coche puede durar años, puede ser más práctico quedártelo, pero no pagando tú el desastre ajeno:
- Se reclama una cantidad equivalente al coste de la reparación necesaria.
- Se busca una rebaja importante del precio o que el vendedor asuma directamente el arreglo en condiciones, no con parches.
Lo importante es que el resultado sea justo: el coche final que tienes y el precio que terminas pagando deben guardar relación.
Reclamación de daños adicionales
En supuestos de engaño evidente (kilometraje manipulado, averías ocultadas a sabiendas, informes falsos, etc.), es posible valorar, además, una reclamación por daños y perjuicios:
- Gastos de grúa y desplazamientos.
- Tiempo sin coche que te ha obligado a buscar alternativas.
- Informes periciales que has tenido que costear.
Cada caso requiere un análisis concreto, pero renunciar a reclamar por sistema solo beneficia al vendedor deshonesto.
Errores que debilitan tu lucha (y conviene evitar)
Hay reacciones comprensibles que luego complican mucho la vía legal:
- Seguir circulando con el motor avisando de fallo hasta que revienta del todo.
- Permitir que el vendedor “toquetee” el coche sin dejar nada por escrito, sin facturas y sin saber qué ha hecho exactamente.
- Pagar de tu bolsillo una reparación muy cara y reclamar después, sin haber dado antes al vendedor la oportunidad formal de asumirla.
- Firmar documentos en el concesionario sin leer, donde quizá te hacen reconocer que el coche “está conforme” o que renuncias a acciones.
- Dejar pasar meses confiando en promesas verbales que nunca llegan a concretarse.
Cuando hay un motor de por medio y mucho dinero en juego, es mejor actuar con cabeza, conservar todos los papeles y no aceptar acuerdos confusos “de palabra”.
La importancia de ir acompañado por un abogado especializado
Luchar solo, frente a vendedores que manejan este tipo de conflictos a diario, suele jugar en contra del comprador. Un abogado acostumbrado a casos de motores defectuosos:
- Analiza tu situación con frialdad y te dice si realmente hay base para reclamar.
- Ordena la documentación y te indica qué informes necesitas.
- Redacta el requerimiento formal con el lenguaje adecuado, pensando ya en un posible juicio.
- Negocia con el vendedor desde una posición de fuerza, no de súplica.
- Y, si no hay acuerdo, prepara la demanda para reclamar la devolución del dinero, una rebaja importante o los daños que correspondan.
El objetivo no es ir “a la guerra” por ir, sino equilibrar la balanza: que el vendedor sepa que enfrente no tiene a un cliente resignado, sino a alguien dispuesto a defender sus derechos hasta el final.
No aceptes un motor defectuoso como si fuera tu culpa
Si el coche que has comprado termina demostrando que llevaba el problema “de serie”, no tienes que asumirlo en silencio. El mercado de segunda mano no es una jungla donde todo vale: hay leyes, hay plazos y hay mecanismos para exigir responsabilidad.
Documentar bien la avería, reclamar por escrito y contar con apoyo jurídico puede convertir un “te aguantas, es un coche usado” en un “has vendido un motor defectuoso y ahora tendrás que responder”. Y esa diferencia, en la práctica, se mide en miles de euros y en la tranquilidad de no haber sido un simple espectador de tu propio engaño.